Hoy en día el tema de relevancia es mejorar el estado de salud y mantener un sistema inmune trabajando adecuadamente.

Este sistema está compuesto por células y moléculas que se encuentran en nuestro organismo y su función principal es la protegernos contra microorganismos, virus y sustancias tóxicas que están presentes en el medio que nos rodea.

Este va madurando a lo largo de la vida, en las personas jóvenes tiene una mayor repuesta ante los agentes patógenos, en cambio, en la edad adulta se vuelve más lento para responder, aumentando el riesgo de enfermarse.

¿Cómo podemos saber si nuestras defensas están debilitadas?

Existen algunos síntomas que podrían indicar que el sistema inmunológico no se encuentra del todo bien:

  • Infecciones y/o resfríos recurrentes.
  • Alergias.
  • Enfermedades simples, que duran más de lo normal, demoran en curarse o se agravan.
  • Ojos secos.
  • Cansancio habitual.
  • Diarreas frecuentes.
  • Manchas en la piel, etc.

Ahora bien, la pregunta más importante es ¿Cómo podemos optimizarlo?
El sistema inmunológico es complejo y altamente receptivo al mundo que nos rodea, por lo que no es sorprendente que muchos factores de nuestro estilo de vida afecten su funcionamiento de manera positiva o negativa; algunos puntos clave para mantenerlo trabajando adecuadamente son:

  • Mantener un estilo de vida más saludable.
  • Dormir bien y controlar el estrés.
  • Disminuir el consumo de bebidas alcohólicas.
  • NO FUMAR.
  • Llevar una alimentación balanceada, rica en alimentos frescos.
  • Evitar el consumo de alimentos ricos en grasa, sal y azúcar.
  • Evitar el consumo de bebidas azucaradas.
  • Mantener una microbiota intestinal fuerte, es decir, el complejo de bacterias benéficas que viven en nuestro intestino.
  • Realiza ejercicio de manera regular.
  • Mantener una higiene personal adecuada.

Además de esto, es importante saber que los nutrimentos que obtenemos a través de los alimentos, cumplen un papel muy importante en el desarrollo y buen estado de nuestro sistema inmunológico. En el caso de presentarse un déficit o falta de algún nutrimento este sistema verá disminuida su capacidad de defendernos.

Algunos nutrimentos específicos que debemos consumir con frecuencia para mantener nuestras defensas en buen estado son:

  • Cobre: es un potente antioxidante.
  • Hierro: es importante para la función de los glóbulos blancos.
  • Selenio: potencia la actividad de las células de defensa.
  • Zinc: su déficit está relacionado con el aumento de las enfermedades autoinmunes.
  • Magnesio: brinda soporte al sistema inmunológico.
  • Vitamina B6 y B12: en caso de déficit hay disminución en la producción de glóbulos blancos.
  • Vitamina C: aumenta la capacidad de las células para defenderse, además, posee una gran capacidad antioxidante.
  • Vitamina A: favorece el buen funcionamiento del sistema inmunológico.
  • Vitamina E: a menor consumo se deteriora nuestra capacidad inmune, ya que esta vitamina nos protege de infecciones.
  • Vitamina D: estudios han demostrado una relación entre el déficit de esta vitamina y la incidencia de infecciones respiratorias.
  • Omega 3: ayuda a combatir la inflamación y mejora la respuesta del sistema de defensa.

Para obtener estos nutrimentos de manera correcta es importante tener una buena elección de alimentos, donde se incluyan frutas y verduras frescas, alimentos de origen animal y cereales integrales principalmente. Existen situaciones que pueden afectar el consumo idóneo de estos alimentos, por lo que se podría recurrir al consumo de complementos alimenticios que ayuden a alcanzar el requerimiento diario de vitaminas y minerales*.

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